El oído humano: partes y funcionamiento
En resumen
El oído humano tiene tres partes. El oído externo recoge el sonido y lo lleva al tímpano; el oído medio, con sus tres huesecillos, transmite la vibración al líquido del oído interno sin perder casi energía; y la cóclea, en el oído interno, separa las frecuencias a lo largo de la membrana basilar y las convierte en impulsos nerviosos. Así oímos, aproximadamente, de 20 Hz a 20 000 Hz.
Cuando un violinista toca un La4, el aire que rodea el instrumento oscila 440 veces por segundo con una amplitud de presión minúscula: en un piano, apenas unas milésimas de pascal. En menos de una centésima de segundo, esa vibración ha recorrido tu conducto auditivo, ha movido tres huesos diminutos, ha agitado un líquido, ha doblado unos cilios microscópicos y se ha convertido en una ráfaga de impulsos eléctricos que tu cerebro reconoce como «un La de violín». Este artículo sigue ese recorrido, paso a paso.
Antes de empezar, escucha tres sonidos puros muy distintos. Los tres los procesa la misma cóclea, pero en lugares diferentes, a varios milímetros de distancia:
Las tres partes del oído
El oído se divide en tres partes, cada una con una función clara:
| Parte | Qué contiene | Medio | Función principal |
|---|---|---|---|
| Oído externo | pabellón auricular (oreja) y conducto auditivo | aire | recoger el sonido y llevarlo al tímpano |
| Oído medio | tímpano, cavidad timpánica, martillo, yunque y estribo, trompa de Eustaquio | aire | transmitir la vibración al oído interno adaptando impedancias |
| Oído interno | cóclea (audición) y sistema vestibular (equilibrio) | líquido | analizar la frecuencia y convertir la vibración en señal nerviosa |
El oído externo
El pabellón auricular
La oreja no es solo un embudo. Sus pliegues de cartílago reflejan el sonido y modifican su espectro de forma distinta según venga de delante, de detrás, de arriba o de abajo. El cerebro aprende a interpretar esas pequeñas diferencias en los agudos para localizar el sonido, sobre todo en vertical y para distinguir delante de detrás.
El conducto auditivo
El conducto auditivo externo es un tubo de unos 2,5 cm de longitud y unos 7 mm de diámetro, abierto por fuera y cerrado por el tímpano. Acústicamente se comporta como un tubo cerrado por un extremo, que resuena cuando su longitud es un cuarto de la longitud de onda:
donde es la velocidad del sonido (m/s) y la longitud del conducto (m). Esa resonancia refuerza los sonidos entre unos 2000 y 5000 Hz en varios decibelios. Es una de las razones por las que el oído es más sensible en esa zona, justo donde están las consonantes de la palabra y el «brillo» de muchos instrumentos.
El oído medio
El tímpano y los huesecillos
El tímpano es una membrana fina y cónica que vibra con las variaciones de presión. Al otro lado hay una pequeña cavidad llena de aire en la que están los tres huesecillos, los huesos más pequeños del cuerpo humano:
- El martillo, unido al tímpano.
- El yunque, que hace de puente.
- El estribo, de unos 3 mm, cuya base (la platina) encaja en la ventana oval, la entrada de la cóclea.
Por qué hacen falta: la adaptación de impedancias
El oído interno está lleno de líquido. Y, como viste en reflexión, refracción y difracción, cuando el sonido pasa del aire a un líquido casi todo se refleja: solo entra alrededor del 0,1 % de la energía, unos 30 dB menos. Sin oído medio, oiríamos muchísimo peor.
Los huesecillos resuelven el problema con dos trucos mecánicos:
- Relación de áreas. La superficie útil del tímpano es unas 17-20 veces mayor que la de la platina del estribo. La fuerza recogida por el tímpano se concentra en un área mucho menor, así que la presión aumenta en esa proporción.
- Efecto palanca. El martillo es algo más largo que la rama del yunque, lo que multiplica la fuerza por un factor de alrededor de 1,3.
En conjunto, la presión se multiplica por unas 22-26 veces:
donde es la ganancia de presión en decibelios. Esa ganancia recupera la mayor parte de los 30 dB que se perderían. A este papel se le llama adaptación de impedancias: el oído medio es un «transformador» entre el aire, ligero y compresible, y el líquido, denso y poco compresible.
La trompa de Eustaquio y el reflejo acústico
- La trompa de Eustaquio comunica el oído medio con la faringe y sirve para igualar la presión del aire a ambos lados del tímpano. Es la que se «destapa» al tragar cuando bajas de un puerto de montaña o aterriza un avión.
- Dos pequeños músculos, el tensor del tímpano y el estapedio (el músculo más pequeño del cuerpo), se contraen ante sonidos fuertes y rigidizan la cadena de huesecillos. Es el reflejo acústico, que atenúa sobre todo los graves. Pero tarda unas decenas de milisegundos en actuar, así que no protege frente a sonidos impulsivos como un golpe de platos, un disparo o un petardo.
El oído interno: la cóclea
Un caracol lleno de líquido
La cóclea (del latín cochlea, «caracol») es un conducto enrollado en espiral de unas dos vueltas y media, excavado en el hueso temporal. Si lo desenrolláramos, mediría unos 35 mm. Está dividido a lo largo en tres conductos llenos de líquido, separados por dos membranas. La que importa para la audición es la membrana basilar.
Cuando el estribo empuja la ventana oval, el líquido se desplaza y la membrana basilar se deforma. Como el líquido no se puede comprimir, la presión se libera por otra membrana, la ventana redonda, que se abomba hacia fuera.
La membrana basilar y la tonotopía
La membrana basilar no es igual en toda su longitud. En la base (junto a las ventanas) es estrecha y rígida; en el ápice (el extremo de la espiral) es ancha y flexible. Por eso cada frecuencia hace vibrar al máximo un punto distinto:
- Los agudos, cerca de la base.
- Los graves, cerca del ápice.
La vibración avanza desde la base como una onda viajera que crece hasta un máximo en el punto correspondiente a su frecuencia y se apaga poco después. Georg von Békésy la observó directamente en cócleas de cadáveres, trabajo por el que recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1961.
Esta ordenación de las frecuencias en el espacio se llama tonotopía, y se mantiene a lo largo de toda la vía auditiva, hasta la corteza cerebral. Es, literalmente, un teclado enrollado: la cóclea hace un análisis de frecuencias parecido al que hace un análisis de Fourier de un sonido.
La función de Greenwood (1990) da una buena aproximación de qué frecuencia corresponde a cada punto en el oído humano:
donde es la frecuencia característica (Hz) y la posición a lo largo de la membrana, como fracción de su longitud medida desde el ápice (0 en el ápice, 1 en la base). Da unos 20 Hz en el ápice y unos 20 700 Hz en la base: todo el rango audible.
| Sonido | Frecuencia | Distancia al ápice (sobre 35 mm) |
|---|---|---|
| La0, la nota más grave del piano | 27,5 Hz | 0,3 mm |
| La2 | 110 Hz | 3,1 mm |
| Do4, do central | 261,63 Hz | 6,5 mm |
| La4 del diapasón | 440 Hz | 9,2 mm |
| 1000 Hz | 14,0 mm | |
| Do8, la nota más aguda del piano | 4186 Hz | 23,6 mm |
| 8000 Hz | 28,2 mm | |
| 16 000 Hz | 33,2 mm |
Fíjate en algo muy musical: cada octava ocupa aproximadamente la misma longitud de membrana en la zona media y aguda (unos 4-5 mm). La cóclea es, en buena parte, logarítmica, igual que nuestra percepción de la altura: por eso una octava «suena igual» de grande en el grave y en el agudo.
El órgano de Corti y las células ciliadas
Sobre la membrana basilar se apoya el órgano de Corti, descrito por el anatomista italiano Alfonso Corti en 1851. En él están las células ciliadas, llamadas así por los haces de pelos microscópicos (estereocilios) que tienen en su parte superior. Hay dos tipos:
- Células ciliadas internas: una sola fila, unas 3500. Son los verdaderos receptores: cuando la membrana se mueve, sus cilios se inclinan, se abren canales iónicos y la célula libera un neurotransmisor que excita el nervio. Reciben la gran mayoría de las fibras nerviosas que van al cerebro.
- Células ciliadas externas: tres filas, unas 12 000. Son amplificadores: se alargan y se acortan con la vibración, gracias a una proteína llamada prestina, y refuerzan el movimiento de la membrana en su punto exacto. Hacen que el oído sea más sensible y más selectivo en frecuencia.
Las células ciliadas externas son tan activas que el oído emite sonido: las llamadas emisiones otoacústicas, descubiertas por David Kemp en 1978. Se registran con un micrófono en el conducto auditivo y se usan en el cribado auditivo de los recién nacidos.
El nervio auditivo y el cerebro
Unas 30 000 fibras nerviosas salen de cada cóclea y forman el nervio auditivo, que junto con el nervio vestibular forma el octavo par craneal. La información viaja por varias estaciones del tronco del encéfalo hasta la corteza auditiva, en el lóbulo temporal.
El nervio codifica la frecuencia de dos formas a la vez:
- Por el lugar (tonotopía): qué fibras se activan indica qué zona de la membrana está vibrando.
- Por el tiempo: hasta unos 4000-5000 Hz, las fibras tienden a disparar siempre en la misma fase de la onda. El patrón temporal de los disparos informa directamente del periodo del sonido.
Y, como tenemos dos oídos, el cerebro compara lo que llega a cada uno: la diferencia de tiempo (hasta unos 0,6-0,7 ms, lo que tarda el sonido en rodear la cabeza) y la diferencia de nivel (la cabeza hace sombra a los agudos). Con eso sabe de dónde viene el sonido. Por eso un director de orquesta localiza con los ojos cerrados qué atril ha desafinado.
Qué oímos: el rango audible
Todo este mecanismo tiene sus límites:
- En frecuencia, una persona joven con buena audición oye aproximadamente de 20 Hz a 20 000 Hz. Por debajo están los infrasonidos (que se pueden notar como vibración con el cuerpo) y por encima, los ultrasonidos. Con la edad, el límite agudo baja.
- En nivel, desde unos 0 dB (20 µPa) a frecuencias medias hasta el umbral de dolor, en torno a 120-130 dB.
- En sensibilidad, el oído no responde igual a todas las frecuencias: es más sensible entre 2000 y 5000 Hz, por la resonancia del conducto auditivo y la transmisión del oído medio.
Todo ello se estudia en el umbral de audición, con las curvas de igual sonoridad y un test para comprobar tu propio rango.
Ejercicios
Ejercicio 1. Ordena el recorrido del sonido en el oído: nervio auditivo, tímpano, conducto auditivo, membrana basilar, estribo, pabellón, martillo, células ciliadas, yunque, ventana oval.
Ver solución
Pabellón → conducto auditivo → tímpano → martillo → yunque → estribo → ventana oval → membrana basilar → células ciliadas → nervio auditivo.
Ejercicio 2. Un niño tiene un conducto auditivo de 2 cm. Suponiendo que se comporta como un tubo cerrado por un extremo, ¿a qué frecuencia resuena?
Ver solución
Más aguda que en un adulto, porque el conducto es más corto.
Ejercicio 3. Si la superficie útil del tímpano es 17 veces la de la platina del estribo y la palanca de los huesecillos multiplica la fuerza por 1,3, ¿cuánto se multiplica la presión? Exprésalo en decibelios.
Ver solución
La presión se multiplica por . En decibelios de presión:
Ejercicio 4. Con la función de Greenwood, ¿qué frecuencia corresponde al punto situado justo en la mitad de la membrana basilar (x = 0,5)?
Ver solución
La mitad de la membrana corresponde a unos 1700 Hz, no a 10 000 Hz: la mitad del rango audible «en longitud de membrana» está por debajo de 1700 Hz.
Fuentes y bibliografía
- Moore, B. C. J. (2012). An Introduction to the Psychology of Hearing (6.ª ed.). Bingley: Emerald.
- Pickles, J. O. (2012). An Introduction to the Physiology of Hearing (4.ª ed.). Bingley: Emerald.
- Roederer, J. G. (1997). Acústica y psicoacústica de la música. Buenos Aires: Ricordi.
- Rossing, T. D., Moore, F. R. y Wheeler, P. A. (2002). The Science of Sound (3.ª ed.). San Francisco: Addison-Wesley.
- Greenwood, D. D. (1990). «A cochlear frequency-position function for several species—29 years later». The Journal of the Acoustical Society of America, 87(6), 2592-2605.
- Békésy, G. von (1960). Experiments in Hearing. Nueva York: McGraw-Hill.
- Kemp, D. T. (1978). «Stimulated acoustic emissions from within the human auditory system». The Journal of the Acoustical Society of America, 64(5), 1386-1391.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las partes del oído humano?
Tres: el oído externo (pabellón auricular y conducto auditivo, hasta el tímpano), el oído medio (una cavidad con aire donde están los tres huesecillos: martillo, yunque y estribo) y el oído interno (la cóclea, que se ocupa de la audición, y el sistema vestibular, que se ocupa del equilibrio).
¿Cómo oímos? Explicación paso a paso
El pabellón recoge el sonido y el conducto auditivo lo lleva al tímpano, que vibra. Los huesecillos transmiten esa vibración a la ventana oval de la cóclea. Dentro, el líquido se mueve y hace vibrar la membrana basilar en un punto que depende de la frecuencia. Las células ciliadas de ese punto convierten el movimiento en impulsos eléctricos, que el nervio auditivo lleva al cerebro.
¿Para qué sirven los huesecillos del oído?
Para pasar la vibración del aire al líquido del oído interno sin que se pierda casi toda por reflexión. Concentran la fuerza que recoge el tímpano, mucho mayor, sobre la pequeña platina del estribo, lo que multiplica la presión unas 20 veces (unos 25-30 dB).
¿Qué es la cóclea?
Es la parte auditiva del oído interno, un conducto enrollado en espiral como un caracol, de unos 35 mm desenrollado, lleno de líquido. En su interior está la membrana basilar, que vibra en distintos puntos según la frecuencia, y el órgano de Corti, con las células ciliadas que convierten la vibración en señales nerviosas.
¿Qué frecuencias oye el oído humano?
Aproximadamente de 20 Hz a 20 000 Hz en una persona joven. Es más sensible entre 2000 y 5000 Hz. Con la edad se pierde sensibilidad en los agudos, y muchos adultos no oyen por encima de 14 000-15 000 Hz.
¿Las células ciliadas se regeneran?
En los mamíferos, y por tanto en las personas, no. Las células ciliadas que se destruyen por ruido, por la edad o por algunos fármacos no se recuperan, y la pérdida auditiva que causan es permanente. Por eso es tan importante que los músicos protejan su oído.